Buenos Aires, siempre
Y cada vez que vuelvo
Tus ecos están
Y quería despertarme
Y al fin con vos volver a jugar…
Así dice la canción de Soda, cae el sol, de su emblemático disco Canción Animal, los traigo porque fueron los responsables de mi ultima visita a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. ¡Qué ciudad! No me canso de decirlo: qué ciudad, que no le envidia nada a grandes metrópolis del mundo; lo tiene todo y para todos los gustos.
Y yo, claro, le tengo un amor especial: fue mi ciudad por 12 años, nacieron mis dos hijos, y si bien mi amor por la gastronomía viene de crianza, vivir en Buenos Aires fue como ponerle esteroides a esa pasión, porque la variedad, la creatividad y calidad de los lugares es suprema.
Igual, me parece siempre importante saber dónde ir. Más si vas con un itinerario ajustado, en tiempo y presupuesto. Así como hay lugares imperdibles, hay otros, sin desmerecer el esfuerzo e inversión que hay detrás de cada lugar, lograr una experiencia sólida, evidentemente es otro nivel de estándares que no es fácil de alcanzar.
He aquí, esta mini guía de los lugares que visité, y amé cada uno de ellos.
Un gran recorrido para salir de los circuitos tradicionales, es Villa Devoto. Quizás ya califica como tradicional, yo hacía unos 10 años que no paseaba por ese barrio y el cambio es total. La zona explota de lugares, tiene mucha vida a toda hora.
Los barrios porteños no dejan de sorprenderme y cómo la ciudad se transforma. Está en ebullición permanente.
Por supuesto, lo más emblemático de la zona es Betular Patisserie. Cada producto parece una pieza de diseño, gran calidad, todo es simplemente impecable.
Me gustan los co-branding que generan con empresas multinacionales, como marcas de lujo o productoras de películas, cuando estuve era el lanzamiento de Wicked.
El hype con este lugar es total; aun después de varios años, las colas son larguísimas. Un tip: probá ir a primera hora de la tarde, la espera fue mínima. Pedimos postres para compartir: chocolate y frambuesa, pistacchio y macarrón de coco, variedad de cafés, probé uno frío pues ese día hacía cerca de 40 grados en noviembre y nos esperaban los hermanos Gallagher.


Lo que fue una gran sorpresa de este recorrido: Bambi. Para el desayuno del día siguiente. El local tiene un estilo mediterráneo, con colores claros, paredes con texturas y supercálido.
Abro la carta y veo French Toast… no más preguntas. Y cumplió. La ambientación y el mood del lugar: un box enorme con mesa redonda, cómodo y vajilla perfecta. Este fue un real Morning Glory.
Cerramos el tour en Chaca de mi corazón, mi barrio por 10 años, en la Panadería de Anchoíta, con un avocado toast y un café tonic. Es otro de los barrios que desbordan de nuevos lugarcitos, todos con su impronta, algunos más de barrio, otros más de diseño.
Mi viaje más reciente, marzo 2026: arrancamos con almuerzo en Ness. Bueno. Me dejó sin palabras. Lo primero es un local tipo industrial, amplio, abierto y luminoso.
La barra es protagonista, está en el centro de la escena, donde todo pasa. El fuego es el eje de su propuesta, hay un gran horno, los platos cocinados a leña que los terminan ahí, cerquita, y es fascinante. Ver los ingredientes (priorizan productos locales y de estación), las pausas, la rapidez, la precisión, los camareros son atentos, explican detalles de los platos, hasta mis preguntas random: ¿Qué hace un árbol en el centro del salón? ¿Es un olivo? Resultó que sí: fue un regalo de la mismísima bodega Zuccardi y viajó desde Mendoza, ahí está, se roba todas las miradas.
Comimos:
Pan a las brasas: Bien tostado, crocante por fuera y aireado por dentro.
Cottage, huevas de trucha, aceite de zanahoria: el contraste de los sabores y la combinación de texturas del queso y las huevas.
Chipirones, ají, huancaína negra: otro que no dudo en pedir, chipirones,
Chernia, papa, mantecato: Este plato es una especie de soufflé, me pareció de lo más original, simple y a la vez complejo en su preparación, y potente sabor.




La tarde merecía cargar energías, pues íbamos al recital en campo a saltar y bailar, así que merendamos como Dios manda en Oli.
Barrio de Palermo, que tantas veces recorrí sus calles. Lo encontré más limpio, más armado. De nuevo yo con una French Toast: soy fan y no puedo elegir otra cosa cuando la veo en la carta. Sumamos un budín, no recordamos bien de qué era pero estaba genial. A la mañana siguiente volvimos por un coffee-to-go, y a probar otra variedad de laminados y chipá, que nos habían quedado pendientes.


Antes de emprender el regreso y post tour por Barrio Parque, fuimos a Anafe, en ese límite de Colegiales con Belgrano R. Qué lugar. También su cocina a la vista, su mobiliario vintage. Muy porteño todo, el clima, la gente. Amo y extraño tanto.
Nuestros elegidos fueron:
El paté de anafe, de ave sobre financier de almendras con chutney de durazno. Esto es, literal: una locura, realmente feliz de haberlo probado, sin saber qué tenía tanta historia y que es un plato tan icónico, en este lugar. Lo supe después, (acá entrevista a sus chefs lo explican bárbaro con los chicos de Salt) así que hicimos una gran elección.
Carpaccio vietnamita: bife de chorizo tipo tataki con salsa nuoc cham, pepino, cilantro y maní.
Boniato israelí, asado con tahini ahumado y ensalada de granada, menta.


El carpaccio y el boniato tenían bastante picor, deliciosos, así que necesitábamos postre para cortar y elegimos la Pavlova: Merengue crocante por fuera y cremoso por dentro con pastelera de vainilla, corazón de dulce de leche y granita de frambuesa. Una maravilla de diseño, y como se complementan los sabores mas intensos con la frescura de la granita, un postre perfecto.
Y asi los dejo, Buenos Aires, es tan vibrante, tan intensa, que siempre me deja con ganas de más, es lindo también extrañarla y volverla, se hace mucho mas disfrutable.
Ojalá les guste y les sirvan las recomendaciones y si van me cuentan que les parecieron.
¡Hasta el próximo Café!






Me encantó ! Tomo nota para ir a Ness me generaste intriga , la semana pasada conocí Anafe y que flash por favor … siempre Buenos Aires para escapaditas es un planazo