A Rodar
Reseña Bichicleta
Cerrando el trimestre y este clima que nos trae recuerdos otro verano que ya terminó.
Uno de los highlights de estos tres primeros meses del año, fue conocer uno de los lugares que ya se perfila como: de los mejores de la ciudad.
Rosario es así, por momentos está quieta y por momentos rueda.
Se mueve, se convierte.
Así como cuando te da el viento en la cara andando en bici y así de refrescante es Bichicleta.
Bichicleta se define como una casa de aperitivos y es que su nombre lo toman de este trago que está en el centro de la propuesta, una variedad de spritz que nace en Italia con esta historia: al finalizar su jornada de trabajo, muchos acudían al bar para un reconfortante cierre del día, y claro la bebida los ponía alegres y culpaban a la bicicleta por la tardanza.


Quienes están detrás de este espacio son Matías Dana, quien hace ya unos años está comprometido con la escena gastronómica de la ciudad de volver al barrio, comer, beber y disfrutar. Y la dupla de Hambriento, que son excelencia en cada cosa que hacen.
Una mezcla de simpleza elaborada, no es fácil lograr esa síntesis: crear un ambiente con onda, y super relajado a la vez, donde vas a pasar horas de charla y el deleite es total. No sabes que elegir en cada platito, porque ya desde la carta se percibe que en cada uno hay una explosión de sabor y una mezcla de emoción.



Nuestros elegidos fueron:
Para comenzar por supuesto, quien le da el nombre al lugar, un trago bichicleta para cada una, es un aperitivo a base de bitter rojo, vino blanco, soda y rueda de naranja. Fresco, suave pero sin perder intensidad. Los van enumerando y yo tomé el 1339.
Boquerones marplatenses en aceite de oliva, sal marina y cítricos. Vienen servidos en un par que me resultó un toque incómodo, aún así deliciosos.
Paté de la casa. De hongos asados y castañas de cajú, aceite de oliva. Soy muy fan de los pates, de los hongos, las castañas y el aceite de oliva, todo eso junto GOOD (léase como Joey de Friends) y además viene presentado en una copa de acero, me pareció un éxito.
Pastel de maíz. Queso mascarpone, salsa picante, ajo negro. Una textura increíble, son sabores diferentes a los que acostumbramos y ese contraste del dulce del maíz con la salsa picante, cumple 100%.
Zanahorias asadas con Za´atar. Labneh, aceite de oliva y dukkah. Combinación que amo, pero a OTRO LEVEL, con este labneh que es a base de yogur y condimentos, generaron suspiros.
Para cerrar elegimos el flan de dulce de leche, y acá ya estábamos aplaudiendo de pie.
Quedaron cosas por probar, como una espectacular selección de quesos y embutidos, de productores locales, otros platos de la carta y ganas de volver. Mención especial, la atención fue impecable, ya que nos guiaron en las elecciones que hicimos tanto en la variedad como en la cantidad y eso se agradece siempre.
Ese día además estábamos con un plan de cine posterior, tratando de ver la mayor cantidad de películas nominadas al Oscar antes de la ceremonia, otras de mis pasiones además de comer, y menos mal que esta comida nos había dejado el corazón ensanchando porque la peli lo estrujó bastante.
Fue una tarde de verano con un mix de experiencias, charla de amigas, comida deliciosa y cine del mejor.
Tomar conciencia de que la vida es un pedacito de tiempo que nos regalan:
Disfrutarla al máximo, es hacerle honor. Y ese día sí que lo hicimos.
Gracias Bichicleta por esta vuelta, y ya saldremos a rodar nuevamente.


